LOS HOMBRECITOS HASSELBLAD | GERARD FIERET

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Si la fotografía de Gerard Fieret ha sido injustamente ignorada hasta hace poco, antes de ser expuesta en Nueva York, Ámsterdam, y París, su poesía continúa siendo desconocida fuera de Holanda. Con más de diez libros publicados, Fieret dio forma a una obra poética donde la voluntad de registrar el entorno urbano y un paisaje empañado por la lluvia alterna con los repliegues líricos de un yo enloquecido que se desdobla una y otra vez. Sencillez, frescura, humor, delirio y esquirlas autobiográficas se conjugan inesperadamente en los versos entrecortados y urgentes de unos poemas que, como sus fotografías, tienen una fuerza expresiva inusual y ocupan, inclasificables, un lugar marginal en el mapa literario y artístico de la segunda mitad del siglo XX. Los lazos entre la poesía y la fotografía del “hombrepájaro” -apodo con el que se conocía a Fieret en La Haya- son tan estrechos que resulta inútil separar las dos producciones porque, como él mismo declaraba, “se podría decir que en mi caso la poesía es un poderoso río del que nacen dos fuertes ramificaciones, el dibujo y la fotografía. Al final los tres medios se unifican, se funden…”.  Parte del flujo de este potente y caudaloso río se recoge en el presente volumen que, por primera vez en castellano y gracias a la labor de selección y traducción de Nanne Timmer, reúne poemas, textos autobiográficos y fotografías de este genial y transgresor artista.

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Me desenrollo en mí
yo a, yo b, yo etc.
me disuelvo en la lluvia
yo a, yo b, yo etc.
En el país de las cuatro corrientes
continúo
yo a, yo b, yo etc.
Así llego en aluviones
a las imágenes extremas
del pasado
yo a, yo b, yo etc.
Me nombro zeus júpiter
odiseo ruido
yo a, yo b, yo etc.

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Gerard Fieret (La Haya, 1924-2009) fue un fotógrafo y poeta que se aproximó al arte primero a través del dibujo y, a mediados de los sesenta, se volcó a la fotografía. Sus imágenes en blanco y negro constituyen un vívido y personal retrato de una Holanda en plena transformación social y revolución sexual. Lejos de todo convencionalismo, Fieret practicó una fotografía espontánea, accidental y transgresora, cargada muchas veces de un erotismo casual. Su comportamiento paranoico -vivía atormentado por la idea de que alguien le robaba sus fotografías- y a veces agresivo, lo fue apartando poco a poco de una escena artística que lo miraba con una mezcla de admiración y recelo. Poco antes de morir comenzó a obtener reconocimiento internacional y su obra llegó a diversos museos. En 2009, sin embargo, murió en la pobreza, rodeado de suciedad, un caos de objetos -entre los que había dos bidones de negativos- y las palomas a las que alimentaba a diario, costumbre que le había valido en La Haya, donde era una figura urbana muy popular, el apodo de “hombrepájaro”. Su muerte fue el amargo colofón de una vida difícil marcada por el temprano abandono del padre, el paso por un campo de trabajo alemán durante la Segunda Guerra Mundial, y un desequilibrio psíquico cada vez más pronunciado. Si bien, en los últimos años su fotografía se ha difundido gracias a importantes exhibiciones en París, Turín y La Haya, su faceta como poeta no goza aún del mismo reconocimiento fuera de Holanda. La producción poética de Fieret, sin embargo, es extensa y, además de publicar facsímiles como Lied van de hardstenen engel y Stem van Phylologos (1974) en sellos independientes, publicó los libros Een nieuw lint (1973), Als een Kayak mijn woorden (1973), Filosofie van een vlinder (1976) y lasso van de minnaar (1980), obras de donde provienen los poemas de esta antología.