VOZ VÉRTEBRA. ANTOLOGÍA DE POESÍA FUTURA. | AUTORES VARIOS

Marzo de 2017

425 páginas

25 euros

Antología y prólogo: Ayganim Katharmova

 

Ayganim Katharmova (Ío, 7247-). Tecnoendorcista del Vértice, Vultur Ánima y navegante psíquica Amnios IV, también conocida como soror dementissima o Martillo de Herejes. A veces se desdobla en cosa tremebunda, trilobite de neutrones, leviatana entre asteroides, monstruilla púlsar riverrante intradérmica interregna de ira fractal. Cuando eso no basta, emerge la ternura oblicua. Y así.

Voz Vértebra es una antología de poesía y vida futura que abarca desde la segunda mitad del siglo XXI hasta el remoto e inimaginable porvenir que ocurrirá (o no) dentro de 150 millones de años. El futuro se ha filtrado en nuestro frágil presente gracias a la mediación de la antóloga Ayganim Katharmova, procedente del Xenoceno, en el octavo milenio según el cómputo humano actual. Han actuado como hechiceras y hacedoras de conjuros: Begoña Callejón, Alba Ceres, Sergi de Diego Mas, Berta García Faet, Uxue Juárez, David Leo García, Ander Gondra, Chantal Maillard, Laia López Manrique, Rubén Martín, Layla Martínez, Ruth Llana, Lola Nieto, Francisco-Jota Pérez, Raúl Quinto, Esther Ramón, Marco Antonio Raya, Antonio F. Rodríguez, María Sánchez, Regina Salcedo, Ángela Segovia, Sara Torres y Su Xiaoxiao.

 

FRAGMENTO

 

Invocación a la estrella radiante

(transcripción fonética)

 

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Invocación a la estrella radiante[1]

Oh, estrella radiante, alimentada con la muerte de los hombres, máquina carnicera, envenenadora furiosa: te entrego mi cuerpo en venganza. La ciudad ha desistido de su esplendor geométrico. Entre los escombros luminosos surgen enredaderas histéricas, damas pálidas que se apresuran a estrangular los cimientos del amor químico. No queda nada más que un azul famélico. No puedo ver todavía sangre caliente en los cajones, ni las heridas blancas que se agazapan entre los jacintos. Mi pobre novia murió reventada en el baile, pútrida y blanca con los ojos azules. Las rodillas no son para llorar sino para marchar a la tormenta, pero en sus tendones habían crecido ya orquídeas hambrientas y sus vértebras se habían llenado de espanto. Oh, estrella radiante, ¿qué haremos para evitar a nuestras hijas la pasión y el arrebato? Todos los lirios acarrean su muerto y hablan con los ángeles los días impares. Lloro todavía por la abeja sagrada que perdí. Aquí entrego mi venganza: que otros recojan mi cuerpo.

1. La morfología del idioma utilizado por Yizad hace imposible una traducción exacta. Hasta ahora, los investigadores han sido incapaces de descifrar la lengua utilizada por la poeta para expresar tristeza. Mientras el idioma para expresar alegría era sencillo y luminoso, la lengua en que cantaba sus lamentos era tremendamente farragosa, oscura y hermética. Algunos investigadores afirman que su estructura es similar al canto de una especie de pájaro que habitó en la región de los Arcos Lunares entre 3035 y 3076, año de la extinción del único ejemplar. Otros afirman que es inútil buscar una estructura en el idioma de Yizad, ya que su principal característica es la aleatoriedad. Esta corriente, a la que nos adherimos, sostiene que para traducir un texto de Yizad debe mirarse fijamente su transcripción fonética unos instantes y escribir después las imágenes que aparecen en la mente. Para la traducción de este poema hemos seguido esta técnica, conocida entre los académicos como TER (Traducción por Eco Residual). Para más información, consultar: El cajón cerrado. Claves para la traducción de la poesía de Rindra Yizad (Eugenio Munzun, 3678), La técnica TER. Manual para traductores profesionales (Roxane Amedh, 3681) y La tristeza indescifrable (Vera NIkolaieva, 3684).