SANS SOLEIL | CHRIS MARKER

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Una mujer lee y comenta las cartas remitidas por un amigo, el operador de cámara Sandor Krasna, que viaja alrededor del mundo. De Japón a Guinea-Bisáu, pasando por Cabo Verde, San Francisco e Île de France, Krasna captura y transcribe imágenes que se acumulan y yuxtaponen, se esfuman y, como una fantasmagoría, reaparecen a lo largo de epístolas que se interrogan acerca de la memoria, la función del recuerdo y el tiempo, y componen el rizomático relato del film Sans soleil. Concebido en la encrucijada entre el documental, la ficción, el experimento audiovisual y el ensayo cinematográfico, el largometraje de Chris Marker desbarata las clasificaciones de género, y desde su singularidad se ha consolidado como una pieza fundamental en la historia del cine. La recuperación en el presente libro del texto íntegro de la voz en off de la película es una oportunidad para que el lector, como señala Isaki Lacuesta en el brillante prólogo que acompaña a la edición, “deba convocar el mundo entero a partir de palabras escritas, sin más auxilio externo, como en cualquier otro libro de poesía”. Más allá de la pantalla, dislocada pero con intacto magnetismo, la voz de la narradora invoca un reguero de imágenes ausentes, y en su discurrir nos arrastra al transgresor viaje que constituye Sans soleil.

“Sans Soleil, el diario filmado de viajes más inteligente, su obra cumbre, un tótem a la complejidad de la memoria humana, a la manera en que lo filmado la suplanta y a la presencia individual e intransferible de los hombres en el océano de la historia.”

Pablo Mediavilla Costa – Jot Down

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Me habló de Sei Shônagon, una dama de honor de la princesa Sadako, a principios del siglo XI, durante el período Heian.
“¿Sabemos dónde se juega la historia? Los gobernantes gobernaban, usaban estrategias complicadas para enfrentarse.
El verdadero poder estaba en manos de una familia de regentes hereditarios, la corte del Emperador no era más que un lugar de intrigas y juegos de ingenio. Y ese pequeño grupo de ociosos ha dejado en la sensibilidad japonesa una marca más profunda que todas las maldiciones de la clase política, aprendiendo a obtener de la contemplación de las cosas más tenues una especie de consuelo melancólico. Shônagon tenía la manía de las listas: listas de “cosas elegantes”, de “cosas tristes” o incluso de “cosas que no merecía la pena hacer”. Un día tuvo la idea de escribir la lista de “cosas que hacen latir más rápido al corazón”. No es un mal criterio, me doy cuenta cuando filmo.

 

Chris Marker (Neuilly-sur-Seine, 1921 – París, 2012) fue un fotógrafo y cineasta francés, y uno de los pioneros en el cine de ensayo y experimental. Tras una temprana incursión en el periodismo y la publicación de la novela Le coeur net (1949), Marker se vuelca al lenguaje cinematográfico y debuta, en 1952, con la película Olympia 52. Junto con Agnès Varda y Alain Resnais, con quien codirige Les statues meurent aussi (1953), forma parte del grupo de la Rive Gauche. Tras estas primeras obras vienen los documentales Dimanche à Pekin (1956) y Lettre de Sibérie (1957), que sientan las bases de su estilo y su poética de la imagen. Con el cortometraje La Jetée (1962) alcanza el reconocimiento, y a esta pieza la suceden una serie de documentales en largo y corto formato de marcado contenido político. En 1983 se estrena Sans soleil, el gran hito de su carrera y, para muchos críticos y cineastas, una obra clave en el campo del cine de ensayo. Marker continúa explorando el género documental hasta el final de su vida, y entre otros films, rueda los homenajes a directores que han marcado su obra, como Akira Kurosawa y Andrei Tarkovsky. Tan extensa como rupturista, la producción de Chris Marker, a su vez, ha sido una fuerte influencia en las creaciones de directores y artistas como Terry Gilliam o David Bowie.